Creencias del profesorado e integración de las TIC en la práctica educativa

El estudio sobre la «integración de las tecnologías» en las aulas ha producido, en las últimas tres décadas, centenares de artículos en los que se hacen recomendaciones sobre estrategias de enseñanza-aprendizaje para facilitar el uso de las tecnologías digitales y de superación de las barreras que impiden su uso por parte del profesorado. En la literatura se utiliza una doble diferenciación: barreras «externas» al profesor (infraestructuras, soporte, hardware y software) y barreras «internas» al profesor (valores, actitudes, creencias, conocimientos y habilidades). En la mayoría de los países desarrollados, se puede afirmar que las barreras «externas» han reducido paulatinamente su incidencia puesto que, en las dos últimas décadas, las ratios de ordenadores por alumno han decrecido y el acceso a Internet está presente prácticamente en todas las escuelas. Por otra parte, la amplia disponibilidad de la Web 2.0 ha «democratizado» el software y ha aumentado su disponibilidad tanto para docentes como para alumnos.

 

La formación del profesorado ha permitido un desarrollo de la competencia digital en niveles suficientes. Por último, el soporte (técnico, pedagógico y administrativo) ha encontrado en las redes sociales un importante aliado para superar problemas operativos y de desarrollo. Así pues, esta reducción de las barreras «externas» para la integración de las tecnologías proporciona la oportunidad para re-examinar la relación entre las creencias del profesorado y su práctica educativa. ¿Existe una relación entre las creencias pedagógicas y las prácticas docentes en profesorado con un reconocido uso educativo de las tecnologías digitales ? ¿En qué medida las barreras «externas» limitan los esfuerzos integradores de los profesores y favorecen la disonancia entre creencias y prácticas?

 

Los investigadores seleccionaron docentes de Educación Primaria que habían sido premiados en los últimos años por sus usos educativos de las tecnologías (N=12). Las fuentes de información fueron sus sitios web y entrevistas personales. Para estos profesores sus propias creencias y actitudes hacia las tecnologías es un factor facilitador para su integración, puesto que les otorga una motivación «extra» en su práctica docente. Por consiguiente, parece que una estrategia adecuada es aquella que fomenta la competencia digital del docente, ya que el cambio en las creencias y valores sobre las tecnologías es más probable cuanto mayor es el conocimiento y las habilidades del profesorado en este ámbito. De hecho, los profesores del estudio consideran que las actitudes y creencias de otros docentes sí son una barrera para la integración de las tecnologías. No se encontraron divergencias entre creencias y prácticas en 11 de los 12 profesores. Esto no quiere decir que todos utilizaran las tecnologías del mismo modo. En realidad los investigadores detectaron tres modalidades diferentes: (a) la tecnología para la transmisión de contenidos y de refuerzo de competencias; (b) la tecnología como complemento o enriquecimiento del curriculo y (c) la tecnología la transformación de la enseñanza y el aprendizaje. Excepto un profesor, todos los demás mostraban coherencia entre su pensamiento y su acción. El caso discrepante se explica por limitaciones importantes en el acceso a las tecnologías que impedían poner en la práctica, de manera eficaz, los planteamientos pedagógicos del profesor.

 

Anteriores investigaciones no coinciden con esta relación directa entre creencia y práctica, por lo que los investigadores proponen tres explicaciones: (1) se ha producido un importante cambio en el acceso a las tecnologías dentro y fuera de las aulas; (2) los alumnos han cambiado en su utilización y compromiso con las tecnologías, lo cual afecta al proceso de enseñanza-aprendizaje y (3) el currículo ha incorporado nuevas competencias que exigen un cambio de modelo pedagógico. Las implicaciones educativas de esta investigación subrayan la importancia de que la administración educativa no centre sus principales esfuerzos en la superación de barreras externas y se ocupe de que la formación del profesorado fomente el conocimiento y las habilidades precisas para provocar un cambio en las actitudes y las creencias que permita al docente superar los habituales temores e intimidación en el uso de las tecnologías en las aulas. Por otra parte, es preciso ofrecer evidencias sobre la eficacia del uso de prácticas docentes con tecnologías centradas en el estudiante sobre el rendimiento y los resultados académicos. Por último, se sostiene la relevancia de preparar al profesorado para generar comunidades de práctica a través del uso de las redes sociales.

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